Pensaba mucho. Recordaba poco. Y por dentro había un ruido que no sabía nombrar.
Te lo cuento porque a mí me pasó, y porque lo que me ayudó fue más simple de lo que esperaba: escribir.
Qué me pasó
Tengo TDAH y he pasado por épocas de ansiedad y de depresión. Un día abrí una libreta y escribí una sola línea. Lo que daba vueltas en mi cabeza se volvió algo que podía mirar. No lo entendí en ese momento, y todavía no sé explicarlo del todo. Pero lo sentí, y volví al día siguiente.
Qué creo que está pasando
No soy psicólogo, así que esto es lo que he leído y lo que me hace sentido:
- Ponerle nombre a lo que sientes le quita fuerza. No es lo mismo «algo me pesa» que «esto me preocupa».
- El papel es una memoria extra. Si tu cabeza está llena, descargarla te deja espacio para pensar.
- Escribir ordena. Los hechos se vuelven una historia con principio y final, y desde afuera es más fácil decidir.
- Es un ratito tuyo, sin pantalla ni notificaciones.
Cómo empezar, aunque dudes
Las dudas más comunes: «no sé qué escribir», «mi letra es fea», «no tengo tiempo». Nadie necesita ser escritor. La página no juzga ni corrige.
Un ejercicio de 3 minutos:
- Pon un temporizador de 3 minutos.
- Escribe «Hoy me siento…» y termina la frase sin parar.
- Si no sabes qué sigue, escribe «no sé qué escribir» hasta que algo aparezca.
- Al terminar, subraya una frase que te sorprenda. Nada más.
Repítelo mañana. No es disciplina: es un ratito tuyo.
Qué libreta usar
La que te dé ganas de abrirla. Si prefieres escribir con renglones, mira las libretas y cuadernos. Si lo tuyo es planear la semana, mira las agendas 2027.
Esta es mi experiencia, no una promesa. Escribir no reemplaza el acompañamiento de un profesional cuando lo necesitas, y a cada persona le funciona distinto.